dimecres, 30 de març del 2011

UN MUNDO NUEVO.
Teniendo en cuenta que la gente cree que no existen los animales imaginarios y que no existen personajes mágicos, aprovecho la ocasión para explicarte el pequeño secreto que esconde este mundo.
Hay un lugar, no muy lejano, no separado de la civilización, donde los arboles son más altos que ningunos otros, donde todo es armonía, donde el cielo se ve más azul que nunca...Ese sitio es el lugar donde ellos descansan en paz y hacen que el equilibro de la vida sea como tiene que ser... Pero para qué explicártelo si hay una gran historia por delante.
“Había una vez una niña que le encantaban los cuentos de hadas y duendes y todo que estuviera relacionado con la magia. Ya con nueve años , había leído más libros que otros niños más mayores que ella. Esta niña se llamaba Adeline. Vivía en Londres con sus padres y sus dos hermanos mayores, Bernard y Edison. Adeline siempre había sido como la rarita de la familia, porque era una niña especial, ya que para ella era todo muy mágico.
No sé si será por mala suerte o por buena suerte, que un buen día tuvieron que cambiar de ciudad por motivos de trabajo, se fueron a vivir a un pueblo muy bonito, pero era pequeño, con muchísimos arboles. La casita adonde se fueron a vivir era una casa de madera muy grande, y muy bonita, pero tenía un pequeño problema, había un sótano oscuro.
Después de estar tantos días en esa casa tan misteriosa, Adeline decidió ir a mirar qué había en ese sótano. Fue bajando poco a poco, cautelosamente, y una vez abajo vio un montón de cosas viejas, trastos sucios, muebles… y en el fondo de todo, un armario enorme. Adeline se acercó lentamente y de golpe lo abrió. Entonces se quedo asombrada de lo que vio, un mundo nuevo. Era un sitio fantástico donde había muchos árboles , y desprendía un olor muy peculiar. Adeline se adentró en él y fue viendo aquellos seres mágicos que ella siempre se imaginaba cuando leía sus libros.
Cada tarde después de comer , bajaba al sótano: miraba las plantas, paseaba, hacia fotos, dibujaba todo lo que veía… hasta que un buen día se le acercó un mini duende: “Hola, ¿quien eres?” , le dijo el duendecito con una voz muy alegre. Ella le contestó que se llamaba Adeline y que hacía poco que conocía ese sitio. El duende, al oír eso, empezó a explicarle cómo era el lugar.
“ Este es el pueblo de Mundano, fue creado desde las primeras eras del mundo, aquí vivimos gente como yo: duendes, hadas… Este sitio se hizo para que el equilibrio de la vida no se deshaga, pero últimamente este es el gran problema, el mundo siempre ha tenido un equilibrio propio y en pocos casos hemos tenido que intervenir, pero ahora hay algo que nos asusta, algo muy desastroso está a punto de venir y destrozar el mundo, nosotros podemos hacer algo para que se arregle, pero los humanos, que sois los que estáis haciendo este desequilibrio, tenéis que intentar hacer que no haya tanta contaminación” .
Adeline y el duende se fueron a un gran castillo donde había una burbuja desde la que se podía mirar el mundo exterior. En esa burbuja había algo extraño, todo el cielo tenía un humo muy negro. El duende le explicó que ese humo negro solo se podría quitar de una manera, con un bastón mágico, pero el problema estaba en que él no podía ir porque lo podrían ver, entonces Adeline se comprometió hacerlo. El duende le explico cuándo tenía que hacerlo y cómo. “Tienes que ir a un sitio oscuro sobre el mediodía y abrir el bastón mágico, entonces deja que pase un rato y cierra el bastón, una vez hayas cerrado el bastón nunca más tendrás que volver a abrirlo, porque si no una gran catástrofe podría pasar. Pero sobre todo cuando todo el cielo este limpio se tiene que procurar que continúe así, al contrario volvería a pasar otra vez”, le dijo.
Al día siguiente emprendió el camino hacia ese sitio oscuro. Una vez allí, hizo todo lo que le dijo el duende, abrió el bastón y... de repente, la oscuridad se desvaneció, todo estaba más bonito, se parecía más a ese mundo del armario. Con una alegría insuperable, Adeline se fue para casa y lo primero que hizo fue ir a ver al duende. Abrió el armario y… nada, no había nada, sólo polvo y cosas viejas. Ese mundo había desaparecido y ahora ella tenía que cuidar del mundo, era la elegida.

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