dimarts, 5 de juny del 2012

“La amistad es como una cajita donde guardas todos tus pensamientos. No dejas que nadie entre ya que es solo tuya. Entonces, ¿Qué es realmente la amistad? La amistad es confiar en alguien. Saber que esa persona a la que permites entrar en tu cajita, nunca te va a defraudar. “ Era un 10 de Julio. Un día muy caluroso y asfixiante. Lo que mas deseaba en ese momento era bañarme en las aguas mas frías del mundo. En casa hacía mucho más calor que en la calle y encima el aire acondicionado se había estropeado. Suena el teléfono. Era Alba. Es alta, morena, es una vieja amiga de toda la vida, para ser exactos es mi mejor amiga. Me comentó que si quería ir a la playa con ella y Amanda, acepté. Amanda es una chica que la conocí al entrar a secundaria, es morena, muy atractiva y a pesar del poco tiempo que ha estado en mi vida, su presencia es imprescindible y no la cambiaria por nada. Amanda me paso a buscar por casa. Fuimos en dirección al tren donde estaba esperándonos Alba. Después de cinco minutos en tren y cinco más caminando, llegamos a la playa de Coma-Ruga. Nos compramos un helado. Dejamos las toallas en la arena y fuimos a darnos un chapuzón. Ya estaba mucho mejor, el calor había desaparecido y gracias a la zambullida me quedé muy relajada. Estiradas en las toallas empezamos a hablar de que podríamos hacer un viaje, porque nuestro pueblo era un poco aburrido en verano. Pensamos bastantes sitios: Ibiza, Londres, Mallorca… También teníamos en cuenta que había mucha crisis y no podíamos abusar mucho del dinero. Al final decidimos que iríamos a Ibiza. Un sitio para gente de nuestra edad, buen ambiente y, aparte, el precio que encontramos era bastante asequible. Como teníamos poco tiempo para hacer los planes y preparar las cosas, cogimos las toallas y volvimos a casa. Los padres no estaban muy de acuerdo. Para ellos aun no teníamos la edad adecuada para ir, pero se lo hablaron bien y llegaron a un pacto. Establecieron unas normas. No eran muy estrictas pero las teníamos que cumplir al pie de la letra. Las normas eran: los teníamos que llamar cada día como mínimo dos veces, explicarles lo que haríamos y no gastar mucho dinero. Lo malo de todo eso es que ellas dos ya eran adultas con 18 años y a mí aun me quedaban 5 meses para hacerlos. Nos íbamos el día 17 de Julio y nos estaríamos una semana. La emoción me recorría por todo el cuerpo, tenía unas ganas increíbles de que llegara el gran día. Fui a comprar las cosas que me faltaban con mi madre. Necesitaba un biquini ya que el mío estaba muy viejo. También me compré varios zapatos, entre ellos unos con tacones preciosos de un color granate muy fuerte. El día 15 ya tenia todas las cosas colocadas en su maleta correspondiente. El neceser estaba tan lleno que tuve que cogerme uno más grande, al igual que las maletas. Me daba miedo llevarme muchas cosas porque soy muy despistada y me podría dejar algo. Estaba muy excitada, y a la vez nerviosa, con muchas ganas de vivir esa nueva experiencia. Llame a Amanda y más tarde a Alba para preguntarles si lo tenían todo preparado. Alba estaba bastante estresada porque no encontraba un vestido muy bonito que le había regalado su madre. Al final, resultó que el vestido se lo había llevado su hermana mayor. Amanda ya lo tenía todo preparado. Amanda era la encargada de recoger los billetes del avión, los iba a buscar esa misma tarde y me traería el mio por la noche. Y entonces llego el gran día. Nuestros padres nos acompañaron al aeropuerto de Barcelona. Nos despedimos de ellos con abrazos y muchos besos. Nos dirigimos hacia el mostrador de facturación y dipositamos las maletas. Para hacer tiempo, fuimos a tomarnos unos cafés y a la hora que nos indicaron fuimos a la puerta de embarque. Una vez dentro dejamos lo bolsos, nos sentamos en las butacas y esperamos a que fuera la hora para despegar. El avión despegaba a las 10:30 de la mañana. Llegamos a Ibiza a las 11 dispuestas a ir hacia el hotel donde nos alojábamos. Los botones del hotel nos cogieron las maletas, nosotras mientras fuimos a buscar la llave de la habitación al mostrador. Cuando llegamos a la habitación nos dimos cuenta de que las maletas ya estaban, las cogimos y pusimos las cosas en su sitio. Una vez ya situadas, nos pusimos de acuerdo y decidimos ir a la playa a pasar lo que quedaba de día. Los siguientes días fueron pasando tal y como habíamos planeado. Por la mañana/mediodía íbamos a la playa, por la tarde tomábamos algo y por la noche una buena cena y después nos íbamos de fiesta. Los días nos pasaban muy rápidos a causa de lo bien que nos lo estábamos pasando. Nos lo estábamos pasando tan bien que al tercer día entre a la habitación y me encontré a Alba y Amanda vestidas de carnaval, bailando como unas locas. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto. Ese momento fue tan especial, al ver dos chicas hechas y derechas haciendo el tonto como niñas de cuatro años. Menos mal que en ese momento no pasaba nadie por delante de la puerta, sino no sé qué hubieran pensado. No tuvimos ningún problema en los tres días que de momento habíamos pasado. Ya nos avisaron de que por las noches la fiesta llevaba al descontrol de muchos y que podría causar algún que otro problema. La verdad es que no nos movimos por sitios donde la gente bebía mucho. Entramos en pubs donde el ambiente era muy bueno. Las discotecas no estaban muy llenas a causa de que no era fin de semana. Hasta ese momento nos lo estábamos pasando muy bien y estábamos disfrutando de la experiencia. Pero ese viaje estaba yendo tan bien que algo mal tenía que pasar. Ni nos imaginábamos lo que nos venía encima. Al quinto día, estábamos muy emocionadas porque por la noche íbamos a una fiesta donde asistía mucha gente famosa. Nos pasamos toda la tarde poniéndonos y quitándonos vestidos. Si uno no nos gustaba o no nos quedaba bien nos probábamos otro, esa noche tenia que ser perfecta. A las 21:00 cenamos en un restaurante muy bonito y lujoso. La fiesta empezaba justo a las 12 de la noche en una casa impresionantemente grande. Cogimos un taxi y le indicamos al conductor la calle donde estaba situada la casa. Nos dejó delante de la puerta. Aunque el taxi fuera un coche normal y corriente, nosotras nos lo tomamos como si fuera una limusina y nos llevara a un palacio. Esa noche era especial y estábamos seguras de que como esas había pocas. Las horas iban pasando favorablemente bien. Conocimos a gente muy famosa del mundo de la música. También, tuvimos la suerte de que esa noche estaba David Guetta como invitado especial. Amanda era la fan numero uno de este DJ y hizo lo posible para conocerlo. La imagen más graciosa de la noche, que nunca olvidaré, fue cuando Amanda se tiró encima del segurata para poder conocer al DJ. La noche había sido perfecta. Conocimos a gente, reímos mucho… Llegamos a las 8 al hotel. Muy cansadas, queríamos quitarnos los tacones y teníamos unas ganas increíbles de coger la cama y no soltarla durante días. Llamamos a un taxi para que nos viniera a recoger, nos dejó en el hotel. Íbamos de camino a la habitación muy contentas por la noche que habíamos pasando. Llegamos a la habitación, abrimos la puerta y lo primero que vemos delante nuestro es una caja. Una caja. Nos miramos las tres sin saber qué decir. Entre el cansancio y las dudas no sabíamos cómo reaccionar. Esa caja no era nuestra, no habíamos pedido nada. Alba, la mas decidida de las tres, coge y abre la caja. Nos quedamos de piedra. Heladas. Dentro de esa caja había miles y miles de pastillas muy pequeñas. Nos imaginábamos que era droga. No sabíamos qué hacer. Si avisábamos nos investigarían a nosotras. Pero si no decíamos nada nos podríamos meter en un lío de los grandes. Teníamos que pensar bien y actuar rápido. Pero ya era demasiado tarde. Un hombre vestido de negro nos estaba mirando desde la otra punta del pasillo. Hablaba por teléfono y se estaba acercando rápidamente hacia nosotras.Nos miramos las tres muy asustadas y empezamos a correr. Derecha. Izquierda. Giramos en dirección hacia las escaleras y nos encontramos a 5 hombres con el mismo traje negro que el hombre del pasillo. No teníamos escapatoria. Nos cogieron a las tres y nos llevaron a una habitación del hotel. Nos dijeron que eso que habíamos visto no lo tenía que ver nadie.Empezaron a hablar en otro idioma. El que parecía el jefe se acerca a nosotras y nos dice “vendréis con nosotros “. Las tres rompimos a llorar. Nos habíamos metido en un lío de los grandes y no iba en broma. No era uno de esos momentos en que estás en el colegio, haces una tonterías y te castigan. Esto era muy serio. Teníamos que pensar bien y actuar rápido. Amanda nos hizo un gesto a Alba y a mi. No se cómo pero entendimos lo que nos quería decir. Amanda tenia una escoba justo detrás suyo. Todo se quedo en silencio. Nos miramos. Amanda hace un movimiento rapido y coge la escoba. Le pega un fuerte golpe a uno de los secuestradores, éste se cae al suelo. Los demás hombres nos agarran para que no nos moviéramos del sitio. Empezamos a dar golpes con los brazos y las piernas. Dos de los hombres cayeron al suelo. Al ver que estaban todos despistados, arrancamos a correr. Abrimos la puerta. Fuimos directas hacia recepción para pedir ayuda. El hombre de recepción hizo sonar la alarma y aparecieron los seguratas. La situación se calmó aún más cuando llegaron los policías. Los secuestradores y la droga fueron llevados a comisaria. Por suerte, nos salvamos de ese mal trago. Una experiencia más que contar. Nuestros padres nos fueron a buscar a Barcelona. Nos nos quisimos quedar más en Ibiza porque creímos que ya habíamos tenido suficientes vacaciones. Las cosas buenas que saco de este viaje es que fue con unas amigas estupendas que no quiero perder nunca. Y lo mejor de todo es que es una experiencia inolvidable y para toda la vida.

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